martes, 21 de junio de 2016

Javier, el músico ausente

Javier dejó de subir a los carros con su guitarra clásica, por parecer un poste de luz musical en el centro de Lima. Anclado en un lugar específico todos los días por la noche. Inevitablemente puedes negarte a escuchar ese sonido tan melancólico. No canta, no se mueve, no mira a la gente. Su guitarra electrónica hace todo lo contrario. El sonido instrumental del género blues, hace que los transeúntes detengan el paso y dejen envolver con ese ritmo. Javier viste de una manera casual, que acentúa bien para sus cuarenta años.

Es de una estatura pequeña, tiene una mirada no muy amigable, sus ojos decaídos, también se logran ver sus párpados inferiores muy hinchados formando pequeños bultos, al parecer son sus ojeras, no debe ser extraño que Javier tenga que hacer más trabajos para poder ganarse la vida. Muchas veces del arte no se vive.

 También tiene un bigote al mismo estilo de Charles Chaplin, pero sin el carisma. El mismo bigote, pero en la cara de un militar que ha vivido muchas durezas en la guerra de la vida. Tal vez tenga un poco más de Hitler, que de Chaplin. Solo un poco.

No inspira mucho, no da ganas de acercársele, ni mucho menos espero que suelte una sonrisa. No importa. No es necesario. Sus manos hablan por él, cada movimiento de sus dedos que hace con las cuerdas de la guitarra para darle un sonido y una tonalidad musical tan buena onda, un sonido que se acomoda a tu estado de ánimo. Digerible de escuchar y no tan pesada como el rock. Su estado de músico ausente, hace que sus temas instrumentales sean protagonistas de la calle.

Javier no expresa dotes de un artista capaz de unirse con la música, caminan por dos rumbos diferentes. El de la necesidad y el del placer. Espero algún día sus direcciones se encuentren y se pueda ver a Javier disfrutar y vivir la música, por el momento solo son colegas de trabajo.






sábado, 7 de mayo de 2016

Que viva mi mamá y todas las demás.

Que viva mi mamá porque eligió la única profesión donde primero te dan el título y después te enteras de qué trata la carrera.

Que vivan todas aquellas mujeres que son padre y madre. Que tienen el don de convertir la soledad en una fortaleza. Aquellas que están sentadas en tu salón cuando eres alumno y se celebra el día del padre. Gracias.  Que vivan siempre las que tenían una respuesta para sus hijos: ¿Por qué mi papá no está aquí? ¿Cuándo vendrá mi papá? ¿Quién es mi papá? O, ¿Por qué mí papá se fue? Y sin importar el dolor causado, tratan  de contestar de forma que no lastimen sus sentimientos. Que vivan porque fueron más valientes que cualquier soldado o guerrero. Feliz día.
Que vivan todas las madres que tuvieron que ver partir a sus hijos, cuando la ley de la vida es que los hijos vean partir a sus padres.  A todas aquellas que siguieron adelante, pero que el dolor lo llevan consigo a todos lados. A la que entendieron, que Dios hace las cosas por algo y a las que no, porque saben que algún día se hará justicia. Que vivan porque eso no significa que dejaron de ser madres. Y menos hoy. Feliz día.
Que Vivan todas aquellas que no estuvieron listas para ser madre, pero que asumieron el reto. A las que no les importó perder su juventud para entender que ahora tiene una nueva responsabilidad. Que vivan todas aquellas madres que jamás agacharon la cabeza, pese a los murmullos de la gente. O que, solo la agachaban para ver su vientre y decir: “Te amo sin importar lo que digan los demás”.  Aquellas que no entendieron del tiempo, pero que ahora su única verdad dura nueve meses. Que vivan porque -con o sin el apoyo de su familia- tomaron la decisión de dar vida y no muerte.  
Que vivan todas aquellas madres que trabajan muy duro en diferentes lugares del mundo. Aquellas que tomaron el sacrificio de estar lejos, por dar una mejor calidad de vida a sus hijos. Que vivan todas aquellas que llegaron sin saber el idioma y las leyes a otros países, pero que estaban dispuestas a ser abogadas o bilingües por ellos. Que vivan aquellas que renuncian muchas veces a sus sueños, para cumplir los sueños de sus hijos. Que vivan porque a pesar que están lejos, su corazón está más unido que nunca. Feliz día. 
Que viva mi mamá porque me enseñó que el verdadero amor viene de ella. Que viva porque fue mi mejor amiga cuando más lo necesite. Que viva porque nueve meses aguantó dolores, nauseas, cambios de humor, crecimiento de caderas,  estuvo sensible y le crecía cada vez más el vientre. Que viva mi mamá porque ella nunca fue a la universidad y sí. Porque impuso mi felicidad antes que la suya.  Que viva mi mamá porque se preocupó de llevarme siempre a cada cita en el hospital, y como si fuera poco, se desvelaba cada noche que me internaban por mis problemas de asma.
Gracias mamá porque seguro soportaste que me levantará cada madrugada cuando era un bebe. Gracias por siempre escucharme  y enseñarme a confiar en ti. Gracias por disimular cuando estabas triste, para que no nos enteremos.
 Mil veces gracias porque a pesar que estabas enferma siempre nos atendiste cuando éramos niños. Gracias por celebrar cada año mi cumpleaños, aunque ahí te diste cuenta que le tenía pánico a los payasos. Gracias porque cuando cumplí diecinueve años me diste el capricho de poder alquilar luces para hacer mi fiesta, sabiendo que económicamente estábamos un poco mal y no teníamos el permiso de papá. En serio muchas gracias. Y ahora, discúlpame por las veces que no fui reciproco a todo el amor que me das. Eres fabulosa.

Si aún tienes la suerte de tener a tu mamá -no lo dudes- anda abrázala, dale mil besos y dile que la amas (o llámala).  No esperes nueve meses.