sábado, 7 de mayo de 2016

Que viva mi mamá y todas las demás.

Que viva mi mamá porque eligió la única profesión donde primero te dan el título y después te enteras de qué trata la carrera.

Que vivan todas aquellas mujeres que son padre y madre. Que tienen el don de convertir la soledad en una fortaleza. Aquellas que están sentadas en tu salón cuando eres alumno y se celebra el día del padre. Gracias.  Que vivan siempre las que tenían una respuesta para sus hijos: ¿Por qué mi papá no está aquí? ¿Cuándo vendrá mi papá? ¿Quién es mi papá? O, ¿Por qué mí papá se fue? Y sin importar el dolor causado, tratan  de contestar de forma que no lastimen sus sentimientos. Que vivan porque fueron más valientes que cualquier soldado o guerrero. Feliz día.
Que vivan todas las madres que tuvieron que ver partir a sus hijos, cuando la ley de la vida es que los hijos vean partir a sus padres.  A todas aquellas que siguieron adelante, pero que el dolor lo llevan consigo a todos lados. A la que entendieron, que Dios hace las cosas por algo y a las que no, porque saben que algún día se hará justicia. Que vivan porque eso no significa que dejaron de ser madres. Y menos hoy. Feliz día.
Que Vivan todas aquellas que no estuvieron listas para ser madre, pero que asumieron el reto. A las que no les importó perder su juventud para entender que ahora tiene una nueva responsabilidad. Que vivan todas aquellas madres que jamás agacharon la cabeza, pese a los murmullos de la gente. O que, solo la agachaban para ver su vientre y decir: “Te amo sin importar lo que digan los demás”.  Aquellas que no entendieron del tiempo, pero que ahora su única verdad dura nueve meses. Que vivan porque -con o sin el apoyo de su familia- tomaron la decisión de dar vida y no muerte.  
Que vivan todas aquellas madres que trabajan muy duro en diferentes lugares del mundo. Aquellas que tomaron el sacrificio de estar lejos, por dar una mejor calidad de vida a sus hijos. Que vivan todas aquellas que llegaron sin saber el idioma y las leyes a otros países, pero que estaban dispuestas a ser abogadas o bilingües por ellos. Que vivan aquellas que renuncian muchas veces a sus sueños, para cumplir los sueños de sus hijos. Que vivan porque a pesar que están lejos, su corazón está más unido que nunca. Feliz día. 
Que viva mi mamá porque me enseñó que el verdadero amor viene de ella. Que viva porque fue mi mejor amiga cuando más lo necesite. Que viva porque nueve meses aguantó dolores, nauseas, cambios de humor, crecimiento de caderas,  estuvo sensible y le crecía cada vez más el vientre. Que viva mi mamá porque ella nunca fue a la universidad y sí. Porque impuso mi felicidad antes que la suya.  Que viva mi mamá porque se preocupó de llevarme siempre a cada cita en el hospital, y como si fuera poco, se desvelaba cada noche que me internaban por mis problemas de asma.
Gracias mamá porque seguro soportaste que me levantará cada madrugada cuando era un bebe. Gracias por siempre escucharme  y enseñarme a confiar en ti. Gracias por disimular cuando estabas triste, para que no nos enteremos.
 Mil veces gracias porque a pesar que estabas enferma siempre nos atendiste cuando éramos niños. Gracias por celebrar cada año mi cumpleaños, aunque ahí te diste cuenta que le tenía pánico a los payasos. Gracias porque cuando cumplí diecinueve años me diste el capricho de poder alquilar luces para hacer mi fiesta, sabiendo que económicamente estábamos un poco mal y no teníamos el permiso de papá. En serio muchas gracias. Y ahora, discúlpame por las veces que no fui reciproco a todo el amor que me das. Eres fabulosa.

Si aún tienes la suerte de tener a tu mamá -no lo dudes- anda abrázala, dale mil besos y dile que la amas (o llámala).  No esperes nueve meses. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario