Que viva mi mamá porque eligió la
única profesión donde primero te dan el título y después te enteras de qué
trata la carrera.
Que vivan todas aquellas mujeres
que son padre y madre. Que tienen el don de convertir la soledad en una
fortaleza. Aquellas que están sentadas en tu salón cuando eres alumno y se
celebra el día del padre. Gracias. Que
vivan siempre las que tenían una respuesta para sus hijos: ¿Por qué mi papá no
está aquí? ¿Cuándo vendrá mi papá? ¿Quién es mi papá? O, ¿Por qué mí papá se
fue? Y sin importar el dolor causado, tratan de contestar de forma que no lastimen sus
sentimientos. Que vivan porque fueron más valientes que cualquier soldado o
guerrero. Feliz día.
Que vivan todas las madres que
tuvieron que ver partir a sus hijos, cuando la ley de la vida es que los hijos
vean partir a sus padres. A todas
aquellas que siguieron adelante, pero que el dolor lo llevan consigo a todos
lados. A la que entendieron, que Dios hace las cosas por algo y a las que no, porque
saben que algún día se hará justicia. Que vivan porque eso no significa que
dejaron de ser madres. Y menos hoy. Feliz día.
Que Vivan todas aquellas que no
estuvieron listas para ser madre, pero que asumieron el reto. A las que no les
importó perder su juventud para entender que ahora tiene una nueva
responsabilidad. Que vivan todas aquellas madres que jamás agacharon la cabeza,
pese a los murmullos de la gente. O que, solo la agachaban para ver su vientre
y decir: “Te amo sin importar lo que digan los demás”. Aquellas que no entendieron del tiempo, pero
que ahora su única verdad dura nueve meses. Que vivan porque -con o sin el
apoyo de su familia- tomaron la decisión de dar vida y no muerte.
Que vivan todas aquellas madres
que trabajan muy duro en diferentes lugares del mundo. Aquellas que tomaron el
sacrificio de estar lejos, por dar una mejor calidad de vida a sus hijos. Que
vivan todas aquellas que llegaron sin saber el idioma y las leyes a otros
países, pero que estaban dispuestas a ser abogadas o bilingües por ellos. Que
vivan aquellas que renuncian muchas veces a sus sueños, para cumplir los sueños
de sus hijos. Que vivan porque a pesar que están lejos, su corazón está más
unido que nunca. Feliz día.
Que viva mi mamá porque me enseñó
que el verdadero amor viene de ella. Que viva porque fue mi mejor amiga cuando
más lo necesite. Que viva porque nueve meses aguantó dolores, nauseas, cambios
de humor, crecimiento de caderas, estuvo
sensible y le crecía cada vez más el vientre. Que viva mi mamá porque ella
nunca fue a la universidad y sí. Porque impuso mi felicidad antes que la
suya. Que viva mi mamá porque se
preocupó de llevarme siempre a cada cita en el hospital, y como si fuera poco,
se desvelaba cada noche que me internaban por mis problemas de asma.
Gracias mamá porque seguro
soportaste que me levantará cada madrugada cuando era un bebe. Gracias por
siempre escucharme y enseñarme a confiar
en ti. Gracias por disimular cuando estabas triste, para que no nos enteremos.
Mil veces gracias porque a pesar que estabas
enferma siempre nos atendiste cuando éramos niños. Gracias por celebrar cada
año mi cumpleaños, aunque ahí te diste cuenta que le tenía pánico a los
payasos. Gracias porque cuando cumplí diecinueve años me diste el capricho de poder
alquilar luces para hacer mi fiesta, sabiendo que económicamente estábamos un
poco mal y no teníamos el permiso de papá. En serio muchas gracias. Y ahora,
discúlpame por las veces que no fui reciproco a todo el amor que me das. Eres
fabulosa.
Si aún tienes la suerte de tener
a tu mamá -no lo dudes- anda abrázala, dale mil besos y dile que la amas (o
llámala). No esperes nueve meses.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario